Entrevista

Publié le par VERICUETOS23

 

Trapos al sol

Julio Olaciregui y Libia Acero-Borbón,

                                                           Extracto de la entrevista publicada en VERICUETOZ 23


Libia: Querido Julio, estamos consagrando un número especial de la revista Vericuetos para hacer conocer una parte de tu creación literaria, de tus escritos inéditos. Con esta entrevista, me propongo hacer descubrir al público, al hombre, al poeta, al escritor.

 

Libia: ¿De dónde son originarios tú y tu familia?

Julio: Nací en Barranquilla, y con el tiempo descubrí que había nacido por la Calle de las Vacas (la calle 30) muy cerca del barrio Rebolo y de los caños del río Magdalena y el Puerto, la zona más antigua de la ciudad, y también la más abandonada, la más "perrateada", llamada "la zona negra". El apellido que heredé de mi padre, un mulato con cierto parecido a Joe Arroyo, viene de Oyarzún, un pueblo del País Vasco español, pero aparte de la ilusión de pensar que hay un lazo entre mi abuelo, llamado como yo, y esos Olaciregui que tuvieron allá en el siglo XVIII "una casa solariega" y un escudo de armas (con una lanza que parece una pluma) no sé nada de los cruces genealógicos ni de la emigración de esos supuestos antepasados hacia la Nueva Granada. La familia de mi madre viene de Santa Marta y el Tolima, mi abuelo Vicente Ospina emigró cuando joven de Ambalema hacia la costa. La piel canela de mi padre me ha permitido creer que tengo lazos con el Africa primigenia.

 

L. ¿Haces parte de una familia numerosa, como las que existían en los años 50 y 60?

J. En efecto mi madre, "la niña Elvira", le parió seis hijos al "viejo Mario" quien tuvo además otros cinco hijos con tres damas diferentes. A veces me siento orgulloso de que lo llamaran "El Siete Mujeres", como me confesó Telma, su última viuda, pero otras me entristece esa fuerte noción del "gasto" y "la infidelidad" en él... pero como decía mi abuelita: "ya es clavo pasado".


 

L. Dime, ¿llevaste una infancia tranquila, serena, o una infancia llena de sobresaltos?

J. Sí, mi infancia fue tranquila. Yo nací en el 51 y en Barranquilla, a Diós gracias, no vivimos el trauma de la Violencia ni los llamados "cortes de franela" ni ese Miedo tan horrible que puede aún sentirse leyendo la gran novela de Alonso Aristizábal,  Una y muchas guerras. El barrio donde crecí, San José, muy popular, era de reciente construcción, habitado por los trabajadores del Puerto. Tengo el recuerdo de la pavimentación de las calles, de la instalación del alcantarillado, de la música en las esquinas y los disfraces del Carnaval, en su mayoría máscaras de animales: toros, micos, tigres, cerdos, pájaros, monocucos y marimondas. Como la casa donde crecimos tenía un patio grande con árboles frutales y perros, gatos, gallinas y tortugas, además de las hormigas, arañas, ratones, mariposas y orugas, con el tiempo, intelectualizando, sentí que el urbanismo nuestro era de fachada porque además muchos de nuestros vecinos eran del campo y por las calles pasaban los carros-de-mula vendiendo legumbres y pescados.

 

L. ¿Qué recuerdo te marcó tu infancia?

J. El recuerdo clave de mi infancia fue cuando descubrí el Mar en Santa Marta porque en Barranquilla tenemos el río Magdalena, pero para ir a la playa hay que salir de la ciudad, a los balnearios de Puerto Colombia, Salgar y Sabanilla. Fue un deslumbramiento inolvidable, yo debía tener cinco o seis años, aún me acompaña esa visión del azul infinito y dorado, un resplandor, un brillo acuático y celestial con esas airosas y verdes palmeras, moviéndose cual bailarinas suplicantes, despeinadas... "bonitas sin peinar", como dicen en Palenque.

 

L. ¿Y cuáles son los hechos que te han dejado recuerdos imborrables hasta hoy?

J. Echar a volar cometas de colores en el cielo, ver el arcoiris, las tortugas... aprender a leer.. descubrir el cuerpo femenino...y ya grande, la danza... saber que los carnavales significan todo lo contrario de las guerras civiles, la colectividad se abraza y se besa mientras baila con la máscara de su fantasma… En la infancia dicen se esconde todo lo que vendrá, lo que vino, lo que forma tu carácter, tus miedos, tus frustraciones, recuerdo que un día por ahí a

los nueve años, en la escuela, al final del recreo, cuando sonó la campana y todos íbamos corriendo en estampida para regresar al salón de clases un compañero me metió una zancadilla y me fui de bruces, me partí uno de los dientes delanteros, me quedó el recuerdo de la injusticia, de la brutalidad ajena gratuita, de la impotencia, la rabia y el dolor, del llanto y la deformidad, quedé como un retrato de Francis Bacon, con la boca hinchada. Esto ocurrió hace 50 años y después de tanto tiempo pude escribir un cuento donde intenté utilizar ese dolor, ese recuerdo, para tratar de hablar de los misterios de "la maldad" humano-infantil.

 

L. ¿Qué recuerdos te vienen a la memoria de tus padres?

J. Aprovecho la oportunidad que me brindas para patentar un concepto (la filosofía es crear conceptos necesarios, dice Gilles Deleuze): se trata del "nostalivio", o "nostaliento", es decir lo contrario de la "nostalgia", que es etimológicamente el dolor (algia) de no poder regresar ("nostos")... era lo que le ocurría a Ulises… pues bien... ahora, cada vez que escucho esa canción del soledeño Rafael Campo Miranda, "Lamento náufrago", cuya letra te copio porque es linda, recuerdo el día feliz en que Papá me llevó al circo, estaba sonando esa canción... esa noche soñé que sería un artista… músico, domador o ayudante de las trapecistas...encargado de la luminotecnia con papeles de colores y lámparas y espermas

 

Sobre l'arena mojada

Y bajo el viejo muelle

La besé con honda pasión,

Fue aquel un amor perdido,

Perdido en la playa

Perdido en la bruma del maaar

Viejo muelle de mi Puerto

Triste atracadero de pasiones

Náufragas del Mar

Sé que cerca a tus pilotes

Aún están anclados los recuerdos

De aquel amor

Sobre l'arena mojada

Y bajo el viejo muelle

La besé con honda pasión...

 

Recobrar un recuerdo alegre nos habla del poder regenerador de la Memoria, tan conocido ya desde la época de los griegos homéricos....

Papá siempre es "papá gigante", como me dijo una vez una de mis hijas... y ya casi he olvidado los chancletazos que me daba cuando lo despertaba de su siesta enguayabada los domingos... se ponía bravo y después no me quería dar plata para ir a Vespertina, el cine a las seis de la tarde en el Teatro Bolívar... tal como lo canta Joe Arroyo, "de ti no tengo queja oye Papá... contigo nunca nos faltó nada"… y quizás él, muy iluso cuando vio que su apellido aparecía en el periódico gracias a los artículos del "pelao", trató de insinuarme desde niño que luchara por "conseguir la fama"... también trató de sobornarme al salir de la adolescencia para que me cortara el cabello cada quince días cuando quise ser rebelde... en cuanto a Mamá, le dediqué esa novela llamada Los domingos de Charito...  sé que fue muy bella en su juventud, y en vez de dejarme en herencia su rostro hermoso quizás me legó su excesiva "sensibilidad", que otros podrían llamar "susceptibilidad"... sí... pero creo que podemos reír más, nos educó para ser "gentiles" o "chevres", en buen barranquillero, es decir "no-mamones", ni pedantes -"alábate pollo que mañana te guisan", me decía ... claro, ahora que tengo  la edad

de ellos,  mis viejos,  preparo en París  comidas a las hijas tratando de imitar sus sancochos y arroces de pollo o camarones... oj Alá... que nunca nos falte la yuca y el patacón...

 

L. ¿Y cómo te llevabas con tus hemanos?

J.  Somos seis hermanos en esa casa grande, íbamos a jugar al patio, teníamos tortugas, árboles de guayaba y limón, de mango… perros, gatos, palomas... y roedores...  escuchábamos la música de Escalona o el trío Matamoros... mi hermana mayor es tremenda morena, y Papá la celaba mucho, pero ella se le escapaba... yo a veces dormía con "la secretaria" de mamá, la Muchacha, y después con mi hermano Rafael, siendo dieciañeros, aprendimos a dibujarla desnuda... ¿Cómo se llamaba?  Neyla, Mami, Aminta… de ahí me viene la pasión por los desnudos en el Arte... me entiendo bien con todos mis hermanos y hermanas, somos de la infancia, de ese patio barranquillero... cuando mamá murió papá vendió la casa, pero me imagino que el patio sigue existiendo, con su arena y el cocotero…

 

L. ¿Cómo ves la ciudad de tu infancia, la de la adolescencia?

J. Barranquilla y el Caribe, vistos desde este París blanco-nocturno-grisoso del invierno, ciudad cosmopolita, cruel, bella, grande, sucia (jeringas y caca de perros, ja) generosa, aparecen como una promesa de sol, una promesa de mar y amistad, de acogida familiar, sí, aunque haya terribles problemas allá también y atraquen a mis amigas en la pizzería a las nueve de la noche; siempre pienso con ilusión en la posibilidad de regresar. La ciudad de mi infancia y juventud reaparece en los textos, tal vez más en Los domingos de Charito y Dionea. Aun cuando ahora es una urbe inmensa conserva esos rincones, como el Barrio abajo, que parecen de antaño, donde hay calles con ambiente de pueblo. Allí la gente, además, aunque trata de ser “moderna”, no deja nunca ese lazo con la infancia del mundo y su risa. Con la música de tambores y los rituales escondidos en el calendario.

 

L. ¿ Y el universo del Caribe, ha tenido mutaciones, pero hay mitos, estereotipos que subsisten, cuáles ves ?

J. La frescura de la brisa del mar, que se nos pega... la gente trata de “tomársela suave”, de “no comerse el coco”... sé también que hay terribles problemas, miseria, exclusión... sin embargo está la

música, el baile... y la influencia de los indios, cada día más notoria en nosotros, ellos, la gente de los montes, nos enseñaron a bailar cumbias, a usar las mochilas, a comer las arepas, a tratar de ser silenciosos, nos contagiaron, como lo recuerda el premio Nobel Jean-Marie Gustave Le Clezio hablando de los Caribes Embera, “su comunismo primordial, su profundo rechazo de la autoridad, su tendencia a una anarquía natural”...

 

L. ¿A qué edad empezaste a vivir el amor por las mujeres?

J. Flaubert dice que en la escritura lo importante es “la ilusión” y a varias amigas vascas les he oído decir “me hace ilusión eso”, es decir algo favorable que se perfila en el horizonte, como una promesa festiva; pienso que así es el encuentro amoroso. Y en nuestra adolescencia la ilusión era poder ir al cine con una muchacha, poder bailar, poder apretarlas. Ahora que con los años me he convertido en un bailarín internacional y casi profesional – “Sólo trabajamos para poder bailar”, como dicen los Huitoto,  debo confesar que a los 14 o 15 no sabía moverme en armonía con ellas y además sentía cierto pudor en fundirme con sus cuerpos perturbadores. Tuve pocas novias en ese entonces,  pero  no  olvido jamás la importancia de tomarnos de la mano en la oscuridad, de decirnos cosas al oído y del milagro de la desnudez... el fósforo y la lija... Creo que son siempre las mujeres las que al mirarnos por alguna razón nos escogen y nos dejan entrar en su delicada feminidad, nos abren su cuerpo... para convertirnos de nuevo en el mito platónico del ser machi-hembrado que siente y se conmueve, suda y puede llorar de placer… y quizás dar a luz...

 

L. ¿Cuál es la mujer que más admiras?

J. Admiro sabes “a la Mujer”, es decir la humanidad materna y protectora, lo que nos da vida, y es sensual y divina, cuerpo del Arte para esculpir y pintar muy diferente del mío... Admiro a mi Mae, a mis abuelas, a mis hermanas, a Cathie, a mis hijas, a Totó la Momposina, a mi profesora de danza Ana Camará, a todas mis amigas, a Lydia Cabrera, a Esther Forero, a Jacqueline de Romilly, a Bessie Smith, a Gloria Cuartas, Petrona Martínez, Hanna Arendt, Lou-Andrea Salomé, Celia Cruz… a las vendedoras de maíz en París, a las palenqueras vendedoras de bollo ‘e mazorca en Barranquilla, y en el plano mítico a Psiqué, a la Candelaria, a Yemayá, a Dionea, a las santas curanderas, las ninfas, las bacantes, las indias… a la Reina de los Jardines, como la llama Batata, el tamborero, “ay recíbeme cantando, Reina de los jardines”,  los griegos le dicen también Coré,  la Muchacha Innombrable...

 

L. ¿Y la que más detestas?

J. No guardo rencores y a las malas mujeres las he olvidado para siempre.

 

L. ¿Tu primer amor, has logrado olvidarlo?

J.  “Pero el amor, Horacio, esa palabra!” - puede leerse en Rayuela de Julio Cortázar. Es bueno pronunciar esa palabra, llenarse la boca con ella, pronunciarse sobre “eso” que funda, atrae, alienta, anima, diciendo y haciendo o viceversa. El enamoramiento no es lo mismo que la relación después de haber bailado, en el acto;  está el amor ciego, el imposible, el de una noche, el amor viejo nunca se olvida... “el amor y las parrandas que nos hacen olvidar la ...”  He tenido suerte en el amor, gracias al cielo. A todas las edades... voy empezando a vivir ese amor por las mujeres... es la influencia de Selene…

 

L. ¿Qué relación tienes con Ellas?

J.  Quiero abrazarlas y consentirlas, ir a cine con ellas, mirarlas... o bailar, y ... dibujarlas desnudas, ofrecerles discos, y... quién sabe, escribir alguna poesía erótica, “ella levanta los brazos para arreglarse el cabello cuando llega un muchacho...(yo)  el futuro amante”, mi relación con ustedes es muy humana... casi normal, puesto que soy de sexo masculino...

 

L. ¿Por qué el color verde es el que prefieres?

J.  Verde es una promesa, un cogollo, un retoño, las selvas esmeraldas, el mar a veces, sin embargo me gustan los colores todos en la paleta.... de alguien se dice que está “verde” “biche”  cuando no tiene mucha experiencia, pero también se tilda de “viejos verdes” a los cincuentones cuando miran a una muchacha… habría que saber!


L.  ¿Qué más te gusta hacer en tu vida?

J.  Caminar, bailar, leer, ir al mar, escribir, comer pescao, estar fresco, es lo que más me gusta, y mirar a las muchachas, pintar,

soñar, viajar, encontrarme con la gente querida.

 

L.  ¿En los diferentes círculos que te mueves, cuál te permite ser tú mismo?

J.  En la danza he descubierto el cuerpo mío entre otros, se puede ser uno en movimiento hacia un abrirse en ritmo con los otros, y ubicarse entre la tierra y el cielo, además se canta, en la escritura también uno es uno, y ahí vamos.

 

L.  ¿Cómo concibes la amistad?

Julio: Los amigos son llaves y cerraduras... abren y protegen, nos guardan y nos prestan, nos ayudan y nos entienden, nos escuchan, los amigos confían en ti, mantienen su interés por tus cosas, te dan la mitad de lo que tienen, te abrazan, te reciben, y uno trata de estar a la altura de ellos.

 

L.  ¿Es verdad, que detestas los gatos?

J.  Aprendo a ser gato tras haber sido ratón, quién te dijo que los detestaba, son un misterio poético hecho pelos y energía y ronr rrron un motor de ternura, nada como pasar una tarde mirándose con el gato o la gata mientras llueve tras los cristales y uno está leyendo, lo que sí no me gusta es que se meen en mi chaqueta ni se caguen en la pieza de mi novia, eso ocurrió una vez que la fui a visitar y se dañó la cita de amor… me puse de mal genio y ella me echó…

 

L.  ¿Y qué adoras los dioses griegos hasta volverte un helenista?

J.  La “galleta griega” es una poesía y una ciencia progresiva, avanzamos día a día de verdad en ella, volamos sin el miedo de Icaro, nos gusta acercarnos a Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides, y más allá al mito del rey-serpiente de Atenas, Cekrops, a sus hijas, las Aglaurides, al dios del vino y la hiedra, Dionisos, -leer los ditirambos de Nietzche  y las misteriosas Coré y Demeter, es la posibilidad de estudiar: el Alfabeto y lo que vino antes y después, Pericles, Platón los presocráticos... es un mundo misterioso existente... la glorificación de la memoria... en Occidente… es la belleza de sus esculturas, el modelo de estudio de la mitología universal... la puerta hacia Egipto...y el oro del Rey Midas, el sufrimiento de Edipo, los santuarios de Dodoni y Delfos, las metamorfosis de hombres en

toros, en piedras, en árboles, delfines, cerdos… soy un amateur perfecto en esto, como en pintar sobre cartones… estoy pintando una serie llamada “A cartón regalado”... helenistas verdaderos he conocido dos :  Jacqueline de Romilly y Marcel Detienne.

 

L. Uno de tus temas poéticos es “el ombligo” de las mujeres, qué representa para ti?

J.  El ombligo de las muchachas, digamos de las “sardinas”, que para mí van desde los 15 a los 45 años, por ahí, cicatriz de nacimiento y comienzo de la intimidad, uno los aprecia porque ellas lo muestran con alegría; admirarlos es un fácil relámpago sensual, carnal, ligado al frote en los bailes, en las cumbiambas, es “meternos en cintura”. Samba viene de “semba”, que significa ombligo en las lenguas africanas. En griego antiguo ombligo se dice “Mófalos”, y en la mitología el hombre más fuerte, Hércules, estuvo secuestrado por una bruja llamada así, “Mófalos”.

 

L. ¿A qué edad empezaste a escribir ¿ quién te inspiro?

J.  Comencé a tomar conciencia de que yo podía escribir también como la gente que escribe libros por ahí a los 15 años, en el bachillerato gracias a mi profesor de literatura y teatro Ramón Molinares Sarmiento, quien un día nos puso como tarea una redacción sobre el carnaval; él fue generoso y nos alentó a escribir y después trabajamos en una obra de teatro que él dirigió, con los años nos hicimos amigos y cada vez que nos vemos sigue estimulándome y criticándome para que mejore mis intrigas.

 

L. ¿Por qué te lanzaste a escribir?

J.  La escritura, obvio, se alimenta de la lectura y desde niño nos gusta eso: leer historias, cuentos, novelas, poesías, y hasta obras de teatro y desde luego la Historia, la filosofía, la prensa cotidiana, las revistas, todo se lee, los muros de la ciudad, la publicidad, los subtítulos en el cine… y ahora el desenfreno de “Internet”…  por eso y porque no vivo de mi literatura ni tengo exigencias de un  “editor” ni de “un público” esperándome puedo escribir lo que desee, desde cuentos a obras de teatro, artículos periodísticos y pseudos-novelas… poemas y experimentos, diarios literarios... la escritura es algo infinito, una trama, una red, un intertexto… Ulises,  El proceso, Cien años de soledad  o Rayuela no son novelas clásicas si se

les compara con Madame Bovary, Los hermanos Karamazov  o  Le rouge et le noir , aun cuando haya personajes son otra cosa diferente, digamos que yo sigo esa corriente, somos “otra cosa diferente”, intentamos escribir desde nuestra época,  con nuestro modo de ser… las formas de la narratividad han cambiado, eso es seguro;  un  cuento  nuestro no puede  ser  igual  formalmente  a los de Maupassant o Chejov, pero ya Faulkner, Rulfo, Onetti y Raymond Carver nos muestran vías posibles, y Goethe en sus conversaciones con Eckermann le daba el saludable consejo : un escritor tiene que escribir “como le dé la gana”... otra cosa es que nuestros textos encuentren lectores,  ya se verá!...

 

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