Editorial

Publié le par VERICUETOS

 

En la simplicidad de lo perenne

 

Lo imperecedero del individuo en cuanto a registro de memoria en las sociedades antiguas, lo determinaba su desempeño en aquellos sucesos que por su magnitud tuvieran la fuerza suficiente para marcar la sociedad que los producía, y también las sociedades cercanas o lejanas en menor o mayor grado. Es por esto que en la antigüedad en los hitos de lo trascendente se destacan sólo personajes como los faraones, emperadores orientales, césares y guerreros como Alejandro, Atila u otros.

 

La sociedad actual que ha alcanzado el mayor grado de organización social, cristalizado en un plano sumamente complejo, donde lo racional y lógico prima sobre cualquier otra consideración, empieza a demoler la estructura piramidal que se había erigido desde tiempos remotos, presentando en la actualidad la primera tendencia a la horizontalidad en lo que concierne al rol de sus miembros, donde cada día hay menos espacio para que la actuación del individuo aislado tenga profundas repercusiones. Los grandes acontecimientos de hoy son el fruto de la acción de grupos más o menos numerosos, en la cual la actuación figurativa individual es accidental. De ahí que la participación en el gran protagonismo es por nominación, más no por realidad, en razón de la cantidad de individuos aptos, disponibles y ansiosos para desempeñarse en el rol de lo perenne.

  La tendencia a la horizontalidad ha permitido que el registro de lo perdurable saque a la superficie la importancia de la actividad del individuo anónimo en esta área, dando lugar a un espacio que crece cada día y se le conoce como la micro-historia, en oposición a la macro-historia que se debilita y se disminuye. Fenomenología que ha afectado los conceptos de biografía y autobiografía. La biografía era una concepción post-mortem, la cual bajo el análisis actual resultó ser insuficiente por variadas razones. La limitación de la biografía generó el espacio de la autobiografía, y ésta le abre una puerta a la literatura con un nuevo género, al registro de lo vivencial en el sentido categorial de la estética cuya finalidad principal es la veracidad, vista a través de un conjunto diferente y polifacético, donde lo cotidiano descubre hechos que resultan a la postre valiosos materiales para la comprensión de la existencia de un individuo, de la sociedad o de toda una época.

  Basado en lo anterior, la revista Vericuetos, va a dedicar varias de sus ediciones a la literatura que va más allá de lo cotiano, lo real y que transpasa el imbral sublime de la ficción hecha realidad. Para ello escogimos como primer candidato a Julio Olaciregui, quien es uno entre varios de los franco-colombianos que presenta un perfil muy propio para nuestro propósito. Olaciregui es una rica mezcla de distintos temperamentos, culturas, concepciones del mundo, ambigüedades. Es la paleta de un pintor activo que no la ha limpiado jamás, formando un sarro cromático de decenas de matices para cuajar en un color diferenciador, entre los miles de individuos que trajinan las calles, los que llenan los espacios mudos de la mañana a la tarde, en agobiante laboreo y que en la noche pueblan las sillas de bares y restaurantes. En Julio también se encuentra la cosmovisión de la costa atlántica colombiana, con sus meneos de cuerpo y agorerías para hallar la felicidad. Igualmente están los sueños polisémicos del no encontrarse, y también los del encontrarse, mediante el teatro, la poesía, el cuento y otras cosas que me reservo porque son secreto para el lector. Julio enseña el trasterrado que resuella unas veces por entre las alegrías y otras por entre las tristezas. Es a veces el hilo de un pabilo que ondea en la noche larga de las interrogaciones. Por lo demás deseo a nuestros lectores, abundantes descubrimientos en los textos y una deliciosa lectura.

 

Efer Arocha

París, diciembre de 2008

 

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